Albert Cortina es abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM, ha obtenido diversos Másters relacionados con el urbanismo, la ordenación territorial y la sostenibilidad.

1. Empezaste tu carrera profesional como abogado y urbanista. ¿Qué fue lo que te llevó a interesarte y desarrollar un pensamiento tan crítico con respecto a los tremendos avances de la ciencia y el posthumanismo?

Desde que dirijo el Estudio DTUM (acrónimo de Derecho, Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente), hace ya más de veinticinco años, me he dedicado a la ordenación de la ciudad y del territorio, a la preservación de los espacios naturales, a la custodia de la biosfera y a la intervención y gestión del paisaje.

En el año 2014 empecé mi labor de investigación sobre la incidencia de las tecnologías exponenciales sobre el hábitat urbano, el entorno natural y sobre la propia condición humana.

Los cambios disruptivos que conlleva la nueva era bio-digital nos ponen ante desafíos sociales, éticos, humanos, etc. de un alcance muy profundo. Por ello, y pensando en el ciudadano que ha de habitar las smart cities o hábitats inteligentes, he desarrollado un nuevo concepto que denomino Humanismo avanzado.

Humanismo Avanzado

2. Has escrito ya cuatro libros sobre la relación del ser humano con el avance tecnológico. ¿Cuál crees que es el dilema principal en dicha relación?

En efecto, soy coautor y coordinador, junto con el científico Miguel Ángel Serra, de la trilogía de libros ¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano, Humanidad infinita. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes y Singulares. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional. Recientemente he publicado en solitario el libro Humanismo avanzado para una sociedad biotecnológica.

En todos ellos el dilema principal es si seguiremos siendo humanos. En dichas publicaciones nos preguntamos, desde perspectivas y disciplinas muy diversas, por cuál será el destino del hombre y de la mujer ante la disrupción tecnológica y la ideología del transhumanismo.

Todas estas tecnologías emergentes y la proliferación del transhumanismo nos brindan una oportunidad de volver a poner sobre la mesa una pregunta decisiva: ¿Qué es el ser humano? ¿Qué hay en última instancia en la persona que ninguna tecnología podrá jamás replicar, sustituir o destruir?

3. ¿Y cómo valoras esa relación desde el punto de vista del urbanismo? Las nuevas ciudades tecnológicas, o Smart Cities, ¿supondrían algún dilema para el ser humano?

Las ciudades tecnológicas y sostenibles no pueden ser inteligentes sin la inteligencia de sus ciudadanos. En este sentido, es la ciudadanía en su conjunto la que debe ser consciente y sabia.

Para alcanzar ese objetivo debemos profundizar en la gobernanza democrática de nuestro hábitat y en la resiliencia urbana cuya construcción pone el énfasis en la capacidad de la ciudad y de sus habitantes para adaptarse a los cambios.

4. ¿Hacia dónde crees que nos dirigimos como seres humanos en cuanto a nuestra relación con nuestro entorno, tanto urbano como natural?

Tenemos ante nosotros escenarios utópicos y escenarios distópicos. En ese sentido la ciencia ficción actúa muchas veces como un oráculo que nos permite avistar nuestras opciones de futuro.

Por un lado, tenemos un escenario lleno de oportunidades para el progreso del ser humano, la evolución de la vida inteligente, el desarrollo armónico de la biosfera y de la noosfera, e incluso para empezar a habitar de alguna forma el cosmos cercano.

No obstante, por otro lado, estamos a punto de cruzar dos líneas rojas: la manipulación genética de la línea germinal para alcanzar un proclamado mejoramiento humano según apuntan los transhumanistas, y la hibridación del cuerpo y la mente humana con la máquina y especialmente con la inteligencia artificial.

Cruzar dichas líneas rojas, es decir, modificar nuestra naturaleza humana para alcanzar primero la condición de seres transhumanos y posteriormente la de seres posthumanos, puede convertir nuestro futuro en una distopía.

En este momento, las generaciones que habitamos el entorno urbano y natural, mediante el principio de precaución, debemos poner las bases éticas de esa relación con las biotecnologías exponenciales y disruptivas que se nos proponen, ya que no todo lo que podemos hacer, o lo que vamos a poder desarrollar en un futuro inmediato, nos conviene.

Entrevista Albert Cortina

5. ¿Cuáles son los principales beneficios de la aplicación de la tecnología más avanzada del siglo XXI, como la Inteligencia Artificial, al campo de la arquitectura?

La ciencia de datos, la inteligencia artificial, la robótica como tecnologías avanzadas aplicadas a la arquitectura, al urbanismo, a la ordenación del territorio y a la gestión del paisaje van a resultar enormemente positivas siempre que las estrategias, los medios y los fines se alineen con el bien común. Debemos seguir siendo las personas las que dominemos a las tecnologías.

Desde la visión que propongo, debemos desarrollar un liderazgo humanista que permita implementar esas tecnologías avanzadas a favor de las personas y de la vida. La buena arquitectura, en definitiva, trabaja por una buena habitabilidad de las personas en su entorno urbano y/o natural. Hoy en día, eso pasa por la renaturalización de las ciudades y de los territorios. Con esa visión trabajan las emergentes biotecnologías urbanas.

6. ¿Y cuáles serían sus riesgos?

Los riesgos provienen de utilizar esas tecnologías exponenciales a favor de un poder totalitario y no democrático basado en el control alienante y abusivo de los ciudadanos. Solo hay que fijarse en el sistema de crédito social que se está implantando progresivamente en China para entender de qué estamos hablando.

Ese tipo de gobernanza basada en el control social es contraria a los derechos humanos y ciudadanos que tanto nos ha costado desarrollar e implementar. También es un riesgo construir ciudades como Neom, la ciudad futurista que se anuncia que tendrá más robots que humanos y que ya ha empezado a construirse en una zona desértica de Arabia Saudí.

7. ¿Qué tecnología, aplicada al mundo de la construcción y la arquitectura, es la última que has visto o de la que has oído hablar, que te haya impactado por sus posibilidades de mejorar la vida de los seres humanos?

La impresión 3D es uno de los avances más prometedores y llamativos en la actualidad, no solo en el sector de la construcción sino también en otros sectores. Con esa técnica se pueden crear diseños más personalizados, sostenibles y económicos.

Aunque la impresión 3D de viviendas está dando sus primeros pasos, está destinada a realizar una gran aportación al problema habitacional, al tiempo que plantea una gran oportunidad de negocio para las compañías del sector que apuesten por esta tecnología.

Albert Cortina

8. ¿Hacia dónde debería llevarnos la tecnología? ¿Y, en concreto, la tecnología aplicada a la construcción?

La biotecnología urbana debería llevarnos a una integración armónica entre lo natural y lo artificial. Me explico. Yo creo en la renaturalización de la ciudad. El hábitat urbano es como un organismo vivo. Tiene metabolismo, anatomía, fisiología, flujos, información…

La Bioconstrucción nos ayuda a implementar los Objetivos de desarrollo sostenible impulsados por la ONU (también conocidos como la Agenda mundial 2030) mediante la aplicación de sistemas de edificación de viviendas u otras construcciones realizados con materiales de bajo impacto ambiental o ecológico, reciclados, reciclables o extraíbles a través de procesos sencillos y de bajo costo, como por ejemplo, materiales de origen vegetal y biocompatibles que no supongan toxicidad alguna para las personas y el medio ambiente.

La toma de conciencia sobre el entorno nos lleva a nuevas arquitecturas donde están presentes los cuatro elementos de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego. Esos son los elementos presentes en los procesos de la vida en su justa proporción y también deberían ser –desde una perspectiva biotecnológica– los fundamentos de una nueva arquitectura que pretenda ofrecer una habitabilidad de calidad para las personas.

9. Si entendemos el posthumanismo como un estadio del ser humano en el que ha perdido su razón de ser por culpa de la tecnología, ¿ves cierta relación entre el concepto de Bioconstrucción y la crítica al posthumanismo?

No tiene nada que ver. El transhumanismo es una ideología que pretende cambiar la condición humana a través del mejoramiento humano planteado en dos sentidos, no totalmente contrarios, pero sí distintos. Por un lado, el intento de transformación de nuestra especie, por la integración del ser humano con la máquina (ciborg); por otro, la modificación de nuestros genes en la línea germinal, para que nos lleve a transformarnos en otra especie (el posthumano).

En efecto, la ideología del transhumanismo habla de que alcanzaremos la superinteligencia, la superlongevidad y el superbienestar. No obstante, desde mi opción por el humanismo avanzado, esa conciliación que pretende la Bioconstrucción con el medio natural más bien se alcanza a través de una ecología integral, una ética ambiental y un desarrollo integral de la persona, en su hábitat urbano-natural. Y todo ello gracias a una gobernanza democrática que trabaje a favor del bien común.

Lo importante es que adoptemos un compromiso ético profesional para desarrollar un urbanismo 4.0 y una arquitectura avanzada, utilizando los maravillosos recursos que nos ofrecen las técnicas de Bioconstrucción y las biotecnologías urbanas.

Entrevista a Albert Cortina
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